
V., de Thomas Pynchon, despliega un escenario lleno de pistas esparcidas, personajes que buscan un misterio llamado “V.” y un entramado narrativo tan fragmentario como provocador. Su prosa dirige a lectores dispuestos al desconcierto, al laberinto de lo inasible y a aceptar que quizá el sentido nunca llegue del todo. Puedes leer la reseña completa en Cicutadry aquí
© Jaime Molina