Manuel Machado. Una fatal poesía lo condenó al olvido

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Manuel Machado nació en 1874 y nunca destacó por ser especialmente reflexivo al expresar sus opiniones.

En 1914, cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, se declaró partidario de los aliados en varios de sus trabajos, como Día por día de mi calendario.

En 1931 presentó en un acto celebrado en el Ateneo de Madrid, en colaboración con el músico Oscar Esplá, el borrador de un himno para la Segunda República Española. Los versos se caracterizan por demostrar un gran fervor republicano.

Manuel Machado también es uno de los intelectuales españoles que en 1933 fundaron la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. Pero poco tiempo después escribió en el diario La Libertad que consideraba al comunismo y al fascismo dos formas de dictadura, y que las detestaba por igual.

Pero las declaraciones políticas de Manuel Machado no se quedan ahí, en 1936 confesó sus dudas a una revista francesa sobre las posibilidades de triunfo del golpe de estado. Poco tiempo después fue detenido y pasó dos días en prisión.

Entonces sus ideales cambiaron radicalmente y en 1938 aceptó el nombramiento como Académico de la Lengua Española que le ofrecieron José María Pemán y D’Ors. Después continuó escribiendo poesía y tomando parte en proyectos como Los versos del combatiente o la Corona de sonetos en honor de José Antonio Primo de Rivera. Su compromiso político con la dictadura llega a su máxima expresión con el poema Al sable del Caudillo.

Este último poema y sus posteriores colaboraciones más discretas con la dictadura hicieron que su nombre fuera despreciado durante el periodo de la transición española, y su trabajo fue denostado en favor del de su hermano que hasta entonces había estado prohibido.

Manuel Machado, el hermano mayor y responsable

Manuel siempre ejerció de hermano mayor, aunque en su juventud se sumergió completamente en la vida bohemia madrileña. El sentido de la responsabilidad se agudizó en él tras su matrimonio religioso con Eulalia Cáceres. Sus biógrafos cuentan que después de casarse de dedicó a ella en cuerpo y alma. Poco tiempo después de contraer matrimonio opositó al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, consiguió una plaza en Santiago de Compostela y pudo permutarla por otra en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Al año siguiente consiguió otra plaza como archivero en el Ayuntamiento de Madrid. También fue director de la Biblioteca Municipal y del Museo Municipal de Madrid.

Una vez asegurada la manutención de su familia, Manuel publicó una de las que ha sido considerada su mejor recopilación de poemas, Ars moriendi. A lo largo de los años 20 colaboró con su hermano Antonio en una serie de diversas comedias en verso, como La Lola se va a los puertos, que cosecharon un gran éxito.

Pero cuando el golpe de estado triunfó se puso del lado de los ganadores con el conocido poema Al sable del caudillo. Después de la guerra pudo reincorporarse a su cargo del Museo Municipal de Madrid, donde se jubiló poco después.

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